Los sindicatos de profesores no pararán en su intento de conseguir que nuestros hijos sean sometidos a un horario intensivo, como ya está ocurriendo en otras Comunidades Autónomas.
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Los hechos demuestran que, cuando se establece la jornada intensiva, los alumnos dedican más tiempo a las telenovelas y a chatear con el ordenador. |
Probablemente el hecho de que en Navarra no se haya generalizado la jornada intensiva, como ocurre en otras comunidades autónomas, es uno de los factores que coloca a nuestra comunidad a la cabeza del sistema educativo español. El sentido común nos dice a los padres que una jornada intensiva no puede beneficiar el aprendizaje de los alumnos. No se trata de mantener ocupados a los niños, ya sabemos que para esto existen muchas fórmulas. El niño debe identificar su actividad principal de manera que le ocupe también parte de la tarde. Por otra parte, los hechos demuestran que, cuando se establece la jornada intensiva, los alumnos dedican más tiempo a las telenovelas y a chatear con el ordenador.
Primero fueron las tardes de los miércoles. Luego, también los viernes para la secundaria. Después, la jornada continua en secundaria. Ahora se plantea además para infantil y primaria. La reivindicación laboral de los sindicatos va ganando terreno poco a poco; pero, más allá de las circunstancias familiares ¿es buena para nuestros hijos la jornada intensiva?
Al margen de los múltiples informes interesados que nos brindan los sindicatos, te ofrecemos uno de los pocos estudios serios sobre la cuestión dirigido por el catedrático de sociología de la Universidad de Salamanca D. Mariano Fernández Enguita. En el informe se analizan los precedentes y su implantación inicial en algunas Comunidades Autónomas, la posición de los diferentes actores del proceso, los efectos de la concentración horaria sobre diversos aspectos (uno de ellos, la vida familiar), y algunas recomendaciones a tener en cuenta.
Que los sindicatos, durante un curso electoral, propicien la polémica de la jornada escolar, haciendo que el gobierno se posicione, deja entrever la consecución de una rentabilidad oportunista. Estas actitudes no benefician la mejora de la calidad educativa. Más bien marcan una tendencia a la baja de la que nuestra comunidad no ha participado hasta el momento. Quizá se pueda estar contribuyendo de esta manera al demérito de la noble profesión de maestro, para quienes tenemos el máximo respeto.
La conciliación laboral y familiar de los profesores estaría resuelta si todos, profesores, alumnos, padres e hijos, nos mantenemos en nuestros puestos de trabajo hasta que los niños salgan del colegio, a las cinco de la tarde.
No obstante, pensamos que la autonomía de los centros es un elemento de calidad en el sistema educativo. No vemos objeción para que los centros que lo decidan libremente establezcan la jornada continuada. Ahora bien, no parece suficiente, en una cuestión de tanta trascendencia, con que sea el Consejo Escolar el que lo apruebe. Debería existir la conformidad expresa de la mayoría de los padres del colegio. Posteriormente, dar la libertad necesaria a los padres para que puedan elegir el centro escolar para sus hijos. Aunque, en este caso, deberemos oponernos a la demagogia sindicalista que pretenda, por decreto foral, distribuir a los alumnos en los colegios.